Togüito, el superbebé protector de los animales maltratados 23: El periquito cantor (Cuento infantil, Alberto Morán)

El periquito cantor. Composición gráfica: José Manuel Pernía – Euglys Parra

 

El periquito cantor

 

 En un hato bien bonito lleno de árboles frutales y animales, vivía un periquito que se hizo famoso despertando a su amo por las mañanas cantándole la tonada “El Becerrito”.

La vaca mariposa tuvo un terné / un becerrito lindo como un bebé / dámelo papaíto dicen los niños cuando lo ven nacer / y ella lo esconde por los mogotes que no sé /  la vaca mariposa tuvo un terné (…) Y los pericos van y el gavilán también / con frutas criollas hasta el caney…

Lorenzo Miguel, dueño del periquito y del hato, se encargó de enseñar a cantar a su mascota. Todos los días se levantaba y saboreando una taza de café le comenzaba a interpretar la canción, intentando que la avecilla lo imitara.  Una vez se quedó dormido y el pajarito lo despertó con la tonada.

El hombre no utilizó más la alarma del reloj, el periquito lo despertaba todos los días con su melodiosa voz; Lorenzo Miguel se ponía de pie escuchándolo, ingería su vaso de tinto y se marchaban juntos a ocuparse de los animales del huerto, donde el alado cada vez que lo veía mal humorado lo alegraba con la canción.

El periquito cantor se hizo una atracción, los agricultores que pasaban por los predios de Lorenzo Miguel se detenían a escucharlo. María Teresa y Sebastián, con su hijo Togüito, no continuaban el camino si el ave no interpretaba la tonada. Igual el chivito Saltarín.

El periquito era además un celoso vigilante de las propiedades de su amo.  Una madrugada, Lorenzo Miguel dormía en su habitación y él en la rama de un cotoperí; el pajarito escuchó los perros ladrar “guau, guau, guau” y no les prestó atención.

Los animales continuaron latiendo. El periquito cantor, ante la insistencia de los perros, decidió dar una vuelta y observó a dos cuatreros en un corral con  unos ovejos amarrados llorando: “beee, beee, beee”. La mascota voló en busca de su dueño, entró al cuarto por una ventana, le introdujo el piquito en una oreja y  gritó: “¡Lorenzo Miguel!” El hombre despertó de un brinco.

-¿Qué ocurre? –preguntó asustado.

-Tres cuatreros tienen unos animales amarrados en el corral. Lorenzo Miguel se armó de un palo de vera y .salió con una linterna. Los ladrones al verlo huyeron, Lorenzo Miguel los persiguió mientras el periquito en el hombro le iba indicando el camino que seguían los bandidos.

-Allá van, allá van –le decía, sin embargo, los cuatreros desaparecieron en la montaña.

Días después, Lorenzo Miguel despertó y cuando se asomó por la ventana ya estaba saliendo el sol. Se quedó dormido. No escuchó al periquito cantándole “El Becerrito”. Le pareció extraño. El hombre se levantó, fue a la mata de cotoperí donde dormía la mascotica y no la vio. La llamó por todo el hato: ¡Periquito, periquito!, y no respondió.

La alarma de la desaparición del periquito se apoderó del pueblito Flor de Cactus, la gente pasaba por el hato de Lorenzo Miguel y no escuchaba la tonada. La grave situación llegó a oídos de Togüito y Saltarín.

El superchivito comenzó a indagar y los animales del sector le informaron que los ladrones en represalia porque el periquito los había descubierto robando los ovejos, le montaron una trampa en la mata de cotoperí. Le colocaron una jaula con unos pedacitos de guayaba madura y cuando entró a comer, quedó atrapado y se lo llevaron.

Con esa información se marchó en busca de Togüito, quien enseguida tomó el cubrecama del colchoncito, lo enrosco en forma de cuerda y la lanzó del lado afuera de la cunita, bajó y se marchó a la montaña. El chiquillo entró a la supercueva secreta y salió de supercapa convertido en el superbebé protector de los animales maltratados.

 Cabalgando a Saltarín, el superchivito blando más veloz de la sierra, levantó el puñito derecho y lanzó su grito justiciero: “¡Santooosss Caramelooosss!” Y continuó de superpañal desechable, con el supergorrito hundido en forma de careta, los superbotines de algodón, el superchupón escudo atado al bracito izquierdo y armado de las superespinas de cardón. Llegó a una casa y vio a la intemperie al periquito metido en una jaula tan pequeña que no se podía mover, sin agua, sin comida y empapado por la lluvia.

Togüito se enardeció, le dio un golpe al pasador de la jaula con el superchupón escudo y lo rompió, el periquito cantor quedó libre al tiempo que Saltarín gritó: “¡cuidado!” El paladín saltó y dio una voltereta en el aire evitando el fuetazo que le lanzó uno de los ladrones. Togüito cayó encima del cuatrero, lo derribó y le colocó un superbotín de algodón en el cuello. Y a lo que se le vino el otro bandido, le lanzó una superespina de cardón en los pies y lo hizo huir. Luego le advirtió al ladrón que sujetaba con el superbotín: “te voy a dejar libre, pero nunca le hagas daño a una mascota, porque la próxima vez te encierro en una jaula expuesto al invierno sin agua ni comida”.

Togüito se marchó a la montaña, entró a la supercueva secreta y salió de cocoliso rumbo a su casa como un niño indefenso, sin que nadie descubriera su verdadera personalidad de protector de los animales maltratados.

María teresa llegó a la cunita y cuando el bebé la vio, rió haciéndole sonidos con la boca como si  le hablara y ella le dijo: “qué conversador ¡No! ¿Comiste periquito hoy? ¿Ah mi rey bello?”

albemor60@hotmail.com

Composición gráfica: José Manuel Pernía – Euglys Parra

 

 

Fuente: Noticias de Maracaibo Sucesos del Zulia 24 horas al dia Venezuela
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Togüito, el superbebé protector de los animales maltratados 23: El periquito cantor (Cuento infantil, Alberto Morán) Togüito, el superbebé protector de los animales maltratados 23: El periquito cantor (Cuento infantil, Alberto Morán) Reviewed by on viernes, abril 21, 2017 Rating: 5
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